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El arte de resistir en los Docentes Orientadores

Resistir no es una ciencia y menos sumida en la escuela positivista. Resistir es un arte y todo lo que desde el arte simboliza. Para Cioran, citado en el artículo anterior para afirmar  un punto de vista sobre el sufrimiento: “con el que no ha sufrido no merece la pena  hablar”, artista es la persona que se toma el trabajo de hacer lo que otros sólo se  atreverían o se atreven a proyectar.

Son innumerables las y los Docentes Orientadores que se atrevieron, junto con directivos sindicales y abogados, a invalidar el Acto legislativo 01 de 2001, la Ley 715 de 2002, los decretos 1278, 3020 del mismo año y el decreto 1850 del 2002, motivo de esta reflexión, por la maleficencia para la educación pública en general y para la Orientación Escolar en particular.

El artista crea la necesidad, el satisfactor -evocando a Manfred Max-Neef- y su satisfacción al mismo tiempo. Los Docentes Orientadores creamos las redes locales de Orientadores y una comisión negociadora, en 2003, como necesidad organizativa y medio para fortalecer la lucha y transformar el lenguaje del Decreto y las practicas a las que daba lugar, por lo perjudicial y por la perversión que recubría en su seno.

Sostuvimos el satisfactor de trabajar las 6 horas presenciales y las otras dos con autonomía, hasta donde se quiso, en algunos casos y, en otros, hasta donde se pudo. La satisfacción salta a la vista con la promulgación del Decreto 0277 de marzo de 2025, luego de dos largos decenios de brega.

Resistir es el verbo que en el Gobierno del Cambio se ha transmutado en carne para seguir habitando entre nosotros, como lo expone el laudo bíblico, porque llegó, desde hace rato, para conjugarse y movilizar. Los Orientadores, en principio, en la segunda mitad del siglo XX y Docentes Orientadores en los tres últimos lustros, hemos saboreado la resistencia en nuestros paladares con el verbo, con la consigna, con los argumentos y en las narrativas emancipadoras, esculpidas en el quehacer pedagógico, con la escritura y en la praxis.

En lo atinente al controvertible Decreto 1850 el verbo se personifica en un aguerrido grupo de Docentes Orientadores bajo la denominación: Comisión de Docentes Orientadores de la ADE. Ese erigido equipo de hombres y mujeres, diminuto en su tamaño, pero robusto en su pensamiento, atlético en capacidades y encabezado por un ladino ramillete de mujeres.

Análogamente con las enseñanzas de Ariadna, lanzaron el ovillo de las cuerdas de oro para que quienes estaban en el túnel y no querían seguir dentro del mismo, porque Minotauro ya las tenía y los tenía asfixiados con la halitosis del acoso laboral, se aferraran y salieran a regocijarse de la luminiscencia.

Afirmo que el Minotauro, huelga decir, algunos directivos docentes las y los tenían anegados con la halitosis del acoso laboral y el síndrome de burnout, porque volviendo al verbo resistir, en este periplo de la lucha por la derogatoria del referido decreto hubo quienes no dejamos que la obscuridad que obnubiló a rectores y coordinadores nos confinaran en el túnel y esa negativa fue el destello que nos dio fuerza y se la transportó a los integrantes de Comisión de Docentes Orientadores, para asir esos hilvanes de la resistencia y sacar del túnel a esa nefasta narrativa neoliberal que trastornó nuestros sueños, durante más de 8200 noches hasta que la Sherezada de la Comisión de Docentes Orientadores substituye el relato neoliberal de la norma, a través del pliego de Peticiones suministrado a Fecode y negociado por el ejecutivo.

La Comisión, al estilo de la narradora de Las mil y una noches, vio aparecer la mañana, sigilosamente, producto del sueño reparador de la lucha decidida y organizada, con el gallardo apoyo de la ADE, Fecode y de Docentes Orientadoras y orientadores.

No obstante, el advenimiento de una nueva mañana y la fortaleza de este sueño reparador, hay contradictores y criticastros -evocando a Jose Ingenieros- que, como en la novela Ensayo sobre la ceguera, no despiertan del letargo neoliberal, siguen con el “mal de ojos”, no saltan del asilo en el que los confinó el capitalismo, llevándonos a colegir con Saramago que “no hay peor ciego que el que no quiere ver.”

Esas personas obnubiladas no son solo directivos docentes sino también docentes y lamentablemente una menuda franja de Docentes Orientadores; que, pese a que su quehacer se centra en contribuir con el tránsito de la heteronomía de los educandos hacia la autonomía, aún se mantienen en la primera y piden, verbi gracia, que se les explique de la jerigonza del Decreto 0227, de marzo 2025, qué significa la expresión “horas autónomas”. ¿Qué les dirían, ahora, Piaget y Kohlberg si viviesen, porque otrora lo dijeron?

El aforo del equipaje

No es de “poca monta” resonar que el viaje comenzó en 2001, cuando el magisterio, a través de un largo y animado paro, luchó denodadamente contra el acto legislativo 001, impulsado por el gobierno de Andrés Pastrana, reverenciando los mandatos del Fondo monetario Internacional y en el que el hoy expresidente Juan Manuel Santos era ministro de Hacienda. Ese malvado ministro engatusó -y eso lo calla la historia oficial- a uno de los senadores indígenas para que diera el voto a favor del acto legislativo.

Así fue la derrota, cuya moraleja de esa etérea fabula podría ser: elegir a un indígena por ser indígena, a un campesino por ser campesino, a un joven por ser joven, a una mujer por ser mujer o a un maestro por ser maestro, en un cargo de representación o de participación, no es garantía per se, lo es quien o quienes tengan consciencia de clase, quienes sean capaces de desenmascarar la mentira, el chantaje, la injusticia, cumplir con la palabra, no ser inferiores a sus compromisos y actuar en consecuencia, como se puede aprender de Antígona, Filipa en el Decamerón, Emile Zola en el caso Dreyfus, Bertrand Russell en lo afín a la exclusión den la U. de New York, los más de 1120 docentes que pagaron con su vida el precio de una lucha por la libertad, la democracia y el bienestar del magisterio y de las comunidades, entre otras y otras lideresas y lideres que no han sido inferiores a los retos.

Pese a la derrota, el magisterio, como Eneas, siguió su rumbo hacia el Lacio, cargando en sus hombros el Anquises de los descuentos por el paro, las amenazas, los destierros, el exilio, los allanamientos, las detenciones y los cientos de muertos, porque dicho sea de paso, el pico más alto de violencias contra el magisterio en particular y contra las organizaciones populares en general, se surtió en la implantación del Plan Colombia también llamado Plan para la Paz y el Fortalecimiento del Estado o Plan Colombia para la paz de Pastrana.

Un gobierno que, a cambio del verbo hizo que los gaznates de las ametralladoras expectoraran balas, para que la vida y la palabra no habitaran mas en miles de cuerpos de colombianos. De ese gobierno datan dos sentencias: la de Alsina, profesor de la universidad de Harvard, hacia Fecode: “romperle el espinazo” y, la otra: “quitarle el agua al pez para que se ahogue”.

Tanto la una como la otra son criminales porque: la primera, pretende dejar al contradictor inválido, raptando y, la otra, llevarlo irremediablemente a la muerte por inanición. Por el lado que se mire, el verbo del gobernante es exterminar y el de los sujetos objetivo: resistir y re existir. Como exterminio se desarrolló la tesis, en la elaboración del informe que se entregó a la JEP, en 2018, por Fecode, la CUT y otras organizaciones sindicales.

Saber ser encima en medio de la tempestad

Sobre esa derrota se erige la ley 715 y los decretos reglamentarios; dos de ellos: el 1278 y el 1850, ambos expedidos en 2002, ni siquiera el Consejo de Estado pudo echar para atrás la nefasta normatividad que, sin duda, podemos leer como “contra reforma educativa”, porque fue contraria a los logros conquistados con la ley 115, forjada a partir de la Constitución de 1991 en la que Fecode y el Movimiento Popular redimieron un papel decisivo participando resueltamente en la constituyente.

Ni siquiera la expresión “mínimo ocho horas”, contraria a los convenios firmados por Colombia con la OIT y a las reivindicaciones universales de los tres 8: uno de ellos trabajar 8 horas, pudo ser depuesta, porque el ímpetu de la política hegemónica así lo cotejó.

Son bastantes los relatos que han hecho ostensible la incansable lucha de los maestros, maestras, Docentes Orientadores y de algunos directivos docentes. Son narrativas que merecen ser escritas y conocidas por las actuales y por las nuevas generaciones del gremio.

Este proceso, por ejemplo, lo amerita para hacer justicia con el pasado, para oxigenar el presente y avizorar el futuro, si llega a darse. Fue una lucha en las calles, pero principalmente en las instituciones confrontando a coordinadores, rectores y a veces a docentes. No hay duda de que se sufre en cada uno de estos actos como le ocurrió a Eneas, sin embargo, la inmunidad al chantaje de la angustia se ha venido forjando.

Hay que seguir adelante y no dejar de avanzar, porque apenas llegamos a buen puerto, pero la tripulación no atraca la nave indefinidamente, pues las aguas están en constante movimiento y nos puede pasar como a Geppetto, ese viejo carpintero, padre de Pinocho, que pese a estar en movimiento en su propia barca, las aguas hacen que naufrague y lo arrojan al vientre de un tiburón, dicen unos traductores, a una ballena aducen otros; en todo caso a un monstruo marino.

El ejemplo emblemático de resistencia lo hallamos en la “marcha del hambre”, acontecimiento protagonizado por maestras y maestros, que el año venidero nos pone a conmemorar 60 años.

Fotografía: Marcha del Hambre (1966). Sindicato de maestros y trabajadores de la Educación de Boyacá. Sindimaestros

En la circunscripción que tenemos asiento reposa, en los anales de las entidades encargadas de aplicar justicia, el expediente archivado de las tres compañeras Docentes Orientadoras de la IED la Amistad. Fue un proceso que demoró 6 años (2012-2018) en Control Disciplinario hasta lograr el fallo, a favor de nuestras valerosas compañeras y en contra de la resolución de un testarudo y anodino rector que quería obligarlas a trabajar 8 horas dentro de la institución.

La ADE urdió una trama definitiva en ese proceso con el acompañamiento y la asesoría, tal como lo hizo con la Carta Pedagógica, a principios del milenio, y como viene haciéndolo en los últimos años con tinos, como el apoyo a la conformación de la mentada Comisión que hoy le entrega a Colombia, con el apoyo de Fecode, el siguiente trofeo:

“Los docentes orientadores y de apoyo pedagógico dedicarán seis (6) horas diarias continuas de permanencia de acuerdo con la planeación institucional en el marco del PEl o del instrumento que haga sus veces. Las dos horas restantes de la jornada laboral se realizarán autónomamente acorde con las actividades propias de su cargo de conformidad con el artículo 2.4.6.3.3. de este decreto.”

Como epilogo de este relato digamos que resistir es un verbo que se ha hecho carne entre los Docentes Orientadores, en el magisterio y en sectores populares. Que surge el reto de transformar el desconcierto en concierto, porque, casi en todo lo que ocurre se busca el desconcierto.

En una historia, en un hecho, en un logro, en una vida. Suele ocurrir que, a veces, nos concentramos en el efecto que produce “fuera de nosotros y nosotras”, en los personajes y en los golpes del efecto, preocupándonos muy poco de lo que provoca “dentro de nosotros y nosotras”.

Antes, incluso de que se dé comienzo a una cosa, enseguida nos preguntamos cómo acabará, reclamando las dosis de desconcierto. Y si no acaba como nosotros y nosotras queríamos, tenemos a nuestra disposición precuelas y secuelas, rayos y centellas, tirios y troyanos, para todos los gustos.

Este proceso no escapó a este hado. Por la manera como se llevó a cabo logramos lo pretendido: pero si el resultado hubiese sido otro o adverso. ¿Cómo estaríamos en este momento? ¿Cuál hubiese sido la reacción de la Comisión, de los seguidores y detractores de la misma?

Es probable que la incomprensión hubiese llegado a que, como argüía cierto escritor, que hay personas tan pobres de imaginación que su capacidad de insultar se agota en descubrir la misma profesión en as madres de todos; empero, lo triste seria que hubiese colegas que les concedan la limosna de la indignación.

Estoy seguro de que la Comisión de Docentes Orientadores, al estilo de Eneas, no cede. Si cae se limpia el polvo de las rodillas y las lágrimas del rostro. Vuelve a levantarse, continúa; si se confunde y se equivoca, corrige; resiste, porque no tiene prisa de derrumbarse.

Lo que hace de esta Comisión de Docentes Orientadores, que sea un baluarte de la organización y la lucha sindical, profesional, ciudadana y política, no son pues los hechos de la trama, sino ¿Cómo se producen esos hechos? y ¿Cómo se reacciona ante ellos? A esa destrucción, que ha producido el 1850 y la política neoliberal se viene respondiendo con Reconstrucción, resistencia y re-existencia, haciendo lo que es debido y haciéndolo bien.

Bienvenido esta nueva página a la historia de la Orientación, en sus primeros 51 años de existencia en la política educativa colombiana, y bienvenida la promulgación del nuevo decreto que, más allá de la Orientación Escolar, potencia la educación pública y la blinda, en algunos ángulos, de las insistencias de la economía del mercado. Nos quedan pendientes los decretos 3020 y el 1278, entre otras políticas que requieren transformación y una justa reflexión sobre los otros espetos de que se ocupa el nuevo decreto.

José Israel González Blanco
Docente Orientador IED Nuevo Horizonte. Correo electrónico: [email protected] senderopedagogico.blogspot.com
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